El Perú tiene una historia y una cultura milenarias de las que nos han quedado monumentos y objetos de incalculable valor. Algunos de los mantos de la cultura Paracas, por ejemplo, compiten con lo más bello que por esa misma época se tejía en cualquier parte del mundo.

El Imperio de los Incas, que se extendió por varios de los actuales países de América del Sur, fue una de las civilizaciones autónomas más importantes del planeta. Sus construcciones, caminos y sistemas de aprovechamiento del agua, aún sorprenden y maravillan a los ingenieros de hoy.

Durante el virreinato español, cuando empieza a usarse "Perú" para nombrar a nuestro territorio, también se utilizaba la palabra como sinónimo de algo "muy valioso". Incluso hoy, una de las definiciones que acepta la Real Academia de la Lengua Española para la palabra "Perú" es la de "ser de mucho precio o estimación". Hace casi un siglo, el poeta José Santos Chocano cantaba así:

"¡Vale un Perú! Y el oro corrió como una onda. ¡Vale un Perú! Y las naves lleváronse el metal; pero quedó esta frase, magnífica y redonda, como una resonante medalla colonial".

Lima fue, desde su fundación, la ciudad más importante de la costa occidental de América del Sur.

Machu Picchu ha sido declarado una de las 7 Nuevas Maravillas del Mundo.

El reciente auge de la culinaria peruana es motivo, también, de orgullo y optimismo. Cada vez más turistas visitan nuestro país atraídos por la gastronomía. Se vienen abriendo restaurantes de comida peruana en las principales ciudades del mundo y los chefs peruanos son cada vez más cotizados y buscados, pues añaden prestigio a los restaurantes.

La relevancia de procesos como estos radica en que, para su plena realización como nación, toda sociedad requiere arraigar un sentido de identidad y un espíritu de orgullo hacia lo suyo. Nuestra cultura, incluida la culinaria peruana, por ejemplo, contribuye a reafirmar nuestra identidad de cara al mundo. Somos una mixtura de fusión multiétnica, diversidad cultural y creatividad y capacidad de adaptación.

(Del libro "101 razones para estar orgulloso del Perú", fragmento del prólogo de Felipe Ortiz de Zevallos)